El gobierno de Estados Unidos anunciará este miércoles que no extenderá, por ahora, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), una decisión que activa el mecanismo de revisión previsto en el propio acuerdo y abre una nueva etapa de negociaciones entre los tres países.
El T-MEC entró en vigor el 1 de julio de 2020 como sustituto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), vigente desde 1994. El acuerdo modernizó las reglas comerciales de la región al incorporar disposiciones en materia laboral, comercio digital, propiedad intelectual y reglas de origen, particularmente para la industria automotriz. Desde entonces, Norteamérica se ha consolidado como uno de los bloques comerciales más importantes del mundo.
Ante este escenario, la presidenta Claudia Sheinbaum pidió evitar interpretaciones alarmistas y recordó que la revisión de 2026 forma parte del diseño original del tratado. Informó que este 1 de julio se realizará una reunión virtual entre los titulares de Economía de México, Estados Unidos y Canadá para dar continuidad a las negociaciones y adelantó que entre el 16 y el 20 de julio se llevará a cabo un encuentro presencial en México para seguir con los trabajos técnicos.
Aunque el anuncio de la administración de Donald Trump genera incertidumbre, no significa la desaparición inmediata del acuerdo. El propio T-MEC establece que, si alguno de los socios decide no renovarlo durante la revisión sexenal, inicia un proceso de consultas y revisiones anuales que puede prolongarse hasta 2036, plazo en el que las partes aún pueden alcanzar un nuevo consenso.
La decisión se produce en un momento de alta tensión comercial entre los socios de Norteamérica. En los últimos meses, la administración Trump ha impuesto aranceles al acero, aluminio y automóviles procedentes de México y Canadá, mientras impulsa una renegociación que fortalezca el contenido estadounidense en las cadenas de suministro y limite el acceso de productos vinculados con China. Para el gobierno mexicano, la revisión del T-MEC representa una oportunidad para preservar el acceso preferencial al mercado estadounidense, destino de cerca del 80 por ciento de las exportaciones nacionales.
En los próximos meses, los equipos negociadores de los tres países definirán el rumbo del principal acuerdo comercial de la región. Para México, el reto será mantener la certidumbre para la inversión y proteger la integración económica que durante más de tres décadas ha convertido a Norteamérica en una de las zonas de libre comercio más dinámicas del mundo.






