Estamos ante una escalada de acontecimientos de inseguridad, narcotráfico y terrorismo a nivel mundial y el protagonista es Donald Trump. ¿Enemigo o aliado?
Estados Unidos se tomó muy en serio el tema de atacar de raíz al terrorismo y en él incluyó a los cárteles de la droga.
Han sido días de presión a los gobiernos y hasta aprietos diplomáticos. Países de Latinoamérica buscan a Trump para pedirle ayuda, otros intentan evitar a toda costa intervenciones de su gobierno.
Desde 2024 Ecuador se ha encontrado en una crisis de inseguridad por la gran fuerza del crimen organizado. El tráfico de cocaína ecuatoriano ha llegado a Estados Unidos y a la Unión Europea; países como España, Países Bajos y Bélgica se han quejado de esta situación.
Donald Trump y el secretario de Guerra Pete Hegseth han realizado intervenciones en países con una fuerte presencia de cárteles. Lo hizo en Venezuela, México y ahora lo hará en Ecuador porque mandará una ofensiva militar para combatir a los cárteles de la droga de ese país.
El secretario de Guerra, en la conferencia “America Contra los Cárteles” —evento al que no se invitó a México— reafirmó la doctrina Monroe, que consiste en tomar el control de su hemisferio.
El mensaje de Estados Unidos es seguir las ofensivas contra los terroristas y desmantelar redes de operación, ahora lo harán en Ecuador.
Desde septiembre del año pasado, Trump ha bombardeado 44 embarcaciones que le costaron la vida a 150 personas bajo la operación llamada Lanza Sur.
A manera de reflexión, Trump aprovecha el vacío de control político que gobiernos como México y Ecuador tienen. Ese vacío se convierte en un espacio que los cárteles llenan con prácticas violentas. La falta de gobernabilidad se convierte en una amenaza para todos los países vecinos.
Lo que Estados Unidos ve es una necesidad de tener a sus vecinos controlados. El presidente del vecino del norte enfrenta unas elecciones intermedias en 10 meses y sus números de popularidad van a la baja.
El cambio de su estrategia en política exterior es notorio. Inauguró el año dejando en claro que intervendrá en Latinoamérica a merced de sus intereses y, como algunos resultados no han sido los esperados, acaba de anunciar un movimiento trascendental en su gobierno: nombró a Markwayne Mullin como nuevo secretario de Seguridad Nacional para sustituir a Kristi Noem, personaje desgastado, rodeado de polémicas y puesto en aprietos por la opinión pública.
Lo interesante es que quien ostentará el cargo, el senador de Oklahoma, fue expeleador de MMA y comentan en los pasillos de la Casa Blanca que se retiró con récord invicto.







