Ciudad de México.— Claudia Sheinbaum cumple este 1 de octubre dos años al frente del Gobierno de México y, mientras su administración entra en una nueva etapa, la violencia y la seguridad continúan entre los asuntos que concentran mayor atención.
La presidenta asumió el cargo el 1 de octubre de 2024, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar la Presidencia de México. Dos años después, su gobierno enfrenta el reto de reducir la violencia en distintas regiones del país y responder a una de las principales preocupaciones de la población.
El segundo aniversario llega en medio de un escenario complejo: aunque algunos indicadores de seguridad han mostrado variaciones y el gobierno ha reportado avances en determinados delitos, los homicidios y la presencia de grupos delictivos siguen formando parte de la agenda nacional.
La violencia, uno de los principales desafíos
Desde el inicio de su administración, Sheinbaum colocó la seguridad como uno de los temas centrales de su gobierno.
Su estrategia contempla una mayor coordinación entre las instituciones de seguridad federales, los gobiernos estatales y las fiscalías, además de acciones de inteligencia e investigación para combatir a las organizaciones criminales.
Sin embargo, la realidad en diferentes estados mantiene el tema de la violencia como uno de los asuntos más difíciles de resolver.
Los homicidios dolosos, las desapariciones, las extorsiones y las disputas entre grupos criminales continúan afectando a distintas regiones del país, aunque la intensidad y evolución de estos delitos varían considerablemente entre entidades.
Por ello, hablar de la situación nacional requiere distinguir entre los diferentes delitos y entre lo que ocurre en cada estado.
Dos años de una estrategia de seguridad diferente
Durante su gobierno, Sheinbaum ha defendido una estrategia basada en atender las causas de la violencia, fortalecer las capacidades de inteligencia y atacar las estructuras financieras de las organizaciones criminales.
La administración también ha aumentado el protagonismo de las fuerzas federales en tareas de seguridad y ha impulsado una mayor coordinación con las entidades federativas.
El gobierno federal ha presentado reducciones en algunos indicadores delictivos como parte de sus resultados en materia de seguridad.
Al mismo tiempo, organizaciones civiles, especialistas y sectores de la oposición han cuestionado si esas disminuciones son suficientes para modificar de manera sustancial el escenario de violencia que enfrenta el país.
Los homicidios siguen bajo la lupa
Uno de los indicadores que más atención recibe es el homicidio doloso.
Las cifras oficiales permiten observar la evolución mensual y anual de este delito, pero también muestran diferencias importantes entre entidades.
Estados como Guanajuato, Baja California, Estado de México, Chihuahua, Sinaloa y Guerrero han enfrentado durante distintos periodos altos niveles de violencia, aunque las dinámicas criminales son diferentes en cada territorio.
El reto para el gobierno federal no solamente consiste en reducir el número de asesinatos, sino también en contener delitos como la extorsión, el secuestro, el robo de combustible, el tráfico de drogas y las desapariciones.
El segundo año abre otra etapa para Sheinbaum
Con dos años de gobierno cumplidos, la presidenta enfrenta una segunda mitad de sexenio en la que los resultados en seguridad seguirán siendo uno de los principales elementos para evaluar su administración.
La discusión no se limita a las cifras nacionales.
Para millones de personas, la percepción de seguridad también está relacionada con lo que ocurre diariamente en sus comunidades: si pueden transitar sin miedo, abrir un negocio, utilizar el transporte público o regresar a casa sin sentirse en riesgo.
Ese componente hace que la seguridad sea un desafío particularmente complejo para cualquier gobierno.
¿Qué viene para el gobierno federal?
Sheinbaum llega a su segundo aniversario con una administración que todavía tiene cuatro años por delante.
La reducción sostenida de homicidios y otros delitos, el debilitamiento de las organizaciones criminales y el fortalecimiento de las instituciones encargadas de investigar y perseguir delitos serán algunos de los aspectos que marcarán la discusión durante los próximos años.
Por ahora, la violencia permanece como uno de los asuntos que más presión generan sobre el gobierno de Sheinbaum.
El balance de sus primeros dos años dependerá, en buena medida, de cómo evolucionen los indicadores de seguridad durante la segunda mitad de su mandato y de si las estrategias anunciadas consiguen traducirse en una disminución sostenida de la violencia en las regiones más afectadas.
El reto no es solamente bajar las cifras
Uno de los mayores desafíos consiste en conseguir que una eventual reducción de los delitos también se refleje en la vida cotidiana de la población.
Porque detrás de cada estadística existen víctimas, familias y comunidades que enfrentan las consecuencias de la violencia.
A dos años de haber llegado a Palacio Nacional, Sheinbaum tiene todavía tiempo para modificar el rumbo de su estrategia de seguridad.
La pregunta que acompañará a su gobierno durante los próximos años será si los resultados en materia de seguridad lograrán consolidarse y convertirse en una percepción real de mayor tranquilidad para la población.










