En el siguiente periodo ordinario del Congreso de la Unión se aprobará la reforma electoral. Hay tres objetivos claros: eliminar a los pluris —que no es lo mismo que desaparecer la representación de las minorías—, restarle autonomía al INE y recortar el presupuesto a los partidos. De una u otra manera, con o sin artimañas, el piso parejo se reducirá para los partidos de oposición.
¡Finísima paradoja! Quienes más lucharon por un sistema electoral competitivo y por la autonomía del INE fueron, históricamente, los sectores de izquierda. Todo empezó con Pablo Gómez y, parece, todo termina con él. No sabemos con certeza cuáles serán los efectos, pero de que beneficiará al partido en el poder, lo hará.
Las prisas también cuentan. El 2027 se acerca y algunos incluso especulan que hasta Sheinbaum podría aparecer en la boleta, bajo el argumento de la revocación de mandato. Un mecanismo que sigue generando dudas entre quienes defienden la democracia participativa: ¿cómo algo impulsado desde el partido hegemónico fortalece realmente ese modelo?
A la oposición poco se le puede ayudar. No fue tomada en cuenta. Se trata de una reforma de la nueva clase gobernante morenista, que presume haber transitado de una democracia representativa controlada por élites a una participativa, pero que en el camino confundió mayorías con minorías.
Lo cierto es que el escenario se complica para los candidatos de oposición que buscan volver a gobernar en nuestro estado. Con menos recursos y menos espacios, habrá que ver cuántas posibilidades reales les quedan. Por lo pronto, conviene estar atentos: no vaya a ser que la reforma electoral —el último clavo del llamado Plan C— termine por cerrar, a corto y mediano plazo, la posibilidad real de alternancia en el país y en Sonora.







