Que no les quepa duda: la reforma electoral planteada por el partido en el poder será centralizadora. Desde que Morena gobierna con mayorías amplias, la idea del federalismo y del municipalismo se ha ido borrando. La convicción es clara. Concentrar el poder. Controlar desde lo federal, con mayor eficacia, las jornadas electorales.
Dicen que la reforma responde a un reajuste presupuestal. Que México tiene una de las democracias más caras del mundo. Lo que no dicen es que, si el dinero fuera tan importante, no se lo habrían gastado en la creación de un nuevo Poder Judicial, que costó miles de millones. Dicen que las reglas electorales actuales no representan la voluntad popular. Lo que tampoco dicen es que la sobrerrepresentación obtenida en 2024 por la coalición gobernante tampoco lo hace. Si ese fuera el problema, se opondrían a la medida que les permitió tomar el Congreso.
Dicen que rediseñarán el sistema político para hacerlo más participativo y menos representativo. No explican por qué una convocatoria ciudadana organizada desde el poder sí cuenta como participación orgánica. ¿Los que los apoyan son más ciudadanos que los que no?
Dicen que los plurinominales son un abuso. Que los partidos se reparten las listas entre cuates. Que se cuelan personajes impresentables. Que esas listas sirven para favores políticos y cotos de poder. Todo eso ha pasado. Pero olvidan algo básico. La izquierda mexicana se benefició de esa figura. Ahí tuvo sus primeros espacios legislativos. Pablo Gómez fue uno de ellos. Paradojas. Hoy, ese sistema puede desaparecer en sus manos.
Dicen que hay un exceso de legisladores y que hay que recortarlos. De acuerdo. Pero cuidado. Que el recorte no termine favoreciendo a sus partidos. Si van a ser menos, que sean proporcionales a la representación que merecen.
Y que no se les olvide. En una democracia plural se busca que las minorías estén representadas. Nada de que el pueblo es uno y es homogéneo. Nada de que quien no apoya a las mayorías deja de ser pueblo. Cuidado con etiquetar ciudadanos. Todos merecemos el mismo trato y el respeto pleno a nuestros derechos.







