MICHOACÁN.— La justicia va tras el exgobernador Silvano Aureoles. La Fiscalía General del Estado confirmó que obtuvo una orden de aprehensión en su contra por su presunta responsabilidad en delitos de homicidio calificado, tortura y abuso de autoridad.
De acuerdo con la información disponible, el exmandatario se encuentra actualmente prófugo, es decir, con una orden vigente en su contra y sin haber sido detenido, mientras las autoridades continúan con su búsqueda.
El caso está directamente relacionado con los hechos ocurridos el 5 de abril de 2017 en la comunidad indígena de Arantepacua, en el municipio de Nahuatzen.
Ese día se desplegó un operativo de seguridad estatal que se extendió por aproximadamente cuatro horas, con el objetivo de liberar vías bloqueadas por comuneros en medio de un conflicto territorial.
El saldo fue grave: cuatro personas murieron, al menos diez denunciaron haber sido torturadas y siete policías resultaron heridos.
¿Por qué ocurrió el operativo?
El trasfondo del conflicto estaba en la disputa por más de 500 hectáreas de bosque entre habitantes de Arantepacua y comuneros de Capacuaro.
Días antes, un grupo de comuneros había viajado a Morelia para buscar diálogo con autoridades estatales, pero al no llegar a acuerdos, comenzaron protestas y bloqueos que derivaron en la intervención policial.
Más implicados en el caso
La orden de captura no solo alcanza al exgobernador. También fue girada contra Juan Bernardo Corona y 14 elementos de la policía estatal, quienes habrían participado en el operativo.
Las autoridades sostienen que existió una cadena de mando en la toma de decisiones, lo que ahora forma parte central de la investigación.
Un caso que no se olvida
El caso de Arantepacua ha sido señalado durante años por posibles violaciones a derechos humanos, uso excesivo de la fuerza y la falta de resolución de un conflicto agrario que sigue latente.
La emisión de estas órdenes representa un avance en el proceso judicial, aunque aún queda por delante la localización de los implicados y el desarrollo de las audiencias correspondientes.
Por ahora, el nombre de Silvano Aureoles vuelve a colocarse en el centro de la conversación pública, ahora no como político, sino como objetivo de la justicia.







