México se prepara para una nueva etapa de negociación comercial con Estados Unidos en la que buscará eliminar los aranceles aplicados a sectores estratégicos como el automotriz y el acero. La discusión ocurre durante la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, mejor conocido como T-MEC, y podría tener consecuencias directas sobre la inversión, las exportaciones y el empleo manufacturero.
La administración federal mexicana ha colocado entre sus preocupaciones la aplicación de medidas unilaterales por parte de Washington. Para el Gobierno de México, la permanencia de gravámenes sobre automóviles, autopartes y productos de acero contradice el espíritu de integración regional que dio origen al tratado y reduce la certeza para las empresas que organizan su producción entre los tres países.
La revisión del T-MEC no equivale automáticamente a una renegociación total, pero sí abre un periodo de evaluación política y económica. Estados Unidos ha expresado preocupaciones relacionadas con el déficit comercial, las reglas de origen, la competencia industrial y la pérdida de empleos manufactureros. México, por su parte, sostiene que las cadenas productivas regionales permiten competir frente a otras potencias y que imponer barreras internas termina encareciendo la producción de Norteamérica.
El tema resulta especialmente importante para Sonora. La entidad mantiene una fuerte relación económica con Estados Unidos y cuenta con sectores vinculados a la exportación, entre ellos la industria automotriz, la minería, la manufactura aeroespacial, la electrónica y la producción metalmecánica. Cualquier modificación en las reglas comerciales puede influir en decisiones de inversión, contratación de personal y expansión de plantas.
La planta de Ford en Hermosillo es uno de los ejemplos más visibles de esa integración. A su alrededor opera una red de proveedores y empresas logísticas que dependen del movimiento constante de componentes y vehículos hacia el mercado estadounidense. Aunque un arancel se aplica en la frontera, sus efectos pueden distribuirse a lo largo de toda la cadena: fabricantes, transportistas, proveedores, trabajadores y consumidores.
El acero también tiene una relevancia transversal. No solo afecta a las empresas que lo producen, sino a industrias que lo utilizan para fabricar vehículos, maquinaria, infraestructura y equipos. Un aumento en su costo puede reducir márgenes de ganancia o trasladarse al precio final de los productos. En una economía que ya enfrenta presiones inflacionarias, ese efecto adquiere una dimensión adicional.
Analistas consultados por Reuters han advertido que la economía mexicana podría mantenerse en una etapa de crecimiento moderado durante 2026, condicionada por la incertidumbre comercial. Una encuesta realizada entre economistas proyectó una expansión cercana al 1.5%, mientras la inflación se mantendría alrededor del límite superior del objetivo del Banco de México. En ese contexto, cualquier señal de estabilidad en el T-MEC puede ayudar a destrabar inversiones que actualmente permanecen en espera.
La negociación también definirá el rumbo del llamado nearshoring. Durante los últimos años, México se presentó como uno de los principales destinos para empresas interesadas en acercar sus operaciones al mercado estadounidense. Sin embargo, esa ventaja depende de que existan reglas claras y acceso preferencial. Si las compañías perciben que los aranceles pueden aparecer de manera recurrente, podrían retrasar proyectos o buscar otras ubicaciones.
Estados Unidos y México mantienen una relación comercial difícil de sustituir. México se ha consolidado como uno de los principales socios de la economía estadounidense y ambos países comparten cadenas de suministro que cruzan la frontera varias veces antes de que un producto terminado llegue al consumidor. Romper esa integración implicaría costos para las dos partes.
La posición mexicana buscará, por tanto, combinar firmeza y pragmatismo. El objetivo no será únicamente defender exportaciones actuales, sino establecer mecanismos que reduzcan la posibilidad de nuevas medidas unilaterales. Para el sector privado, la prioridad es obtener certidumbre suficiente para planear inversiones de largo plazo.
En Sonora, el resultado deberá seguirse más allá de los discursos nacionales. Las decisiones que se tomen en las mesas comerciales pueden reflejarse en empleos de Hermosillo, operaciones logísticas en Nogales, actividad minera y manufacturera, así como en oportunidades para pequeñas y medianas empresas proveedoras.
La revisión del T-MEC será una prueba sobre el futuro de la integración económica regional. México buscará conservar el acceso preferencial que ha sostenido buena parte de su crecimiento exportador. Estados Unidos intentará conseguir condiciones favorables para su industria. En medio se encuentran miles de empresas y trabajadores que necesitan reglas previsibles para competir.







