🌎 EL CASO QUE LO EXPLICA TODO
Un reportaje reciente sobre Venezuela expone un fenómeno que trasciende fronteras: un alto funcionario venezolano, señalado por Washington con cargos penales y una recompensa millonaria, hoy colabora abiertamente con el mismo gobierno que lo persigue. Ninguna de las dos partes cambió sus convicciones. Lo que cambió fue el cálculo de poder. La ideología quedó como discurso; el interés práctico —mantenerse relevante, conservar cuotas de control, garantizar estabilidad— se convirtió en el verdadero motor de las decisiones.
🏛️ SONORA NO ES LA EXCEPCIÓN
Ese mismo patrón se observa con claridad en la política local. Es un hecho evidente que priistas de toda la vida hoy militan en Morena. Que panistas de larga trayectoria también encontraron acomodo en las filas guindas. Que aliados del PT, formados originalmente en el PRI, hoy son piezas del movimiento. Y que dirigentes del Partido Verde, con el mismo origen priista, hoy operan como aliados de Morena. El mapa partidista cambia de colores, pero las personas —y sus intereses— permanecen prácticamente idénticas. Los ciudadanos y particularmente la gente escasos recursos solo quiere apoyos, A sus necesidades más apremiantes.
Y aunque no estén convencidos, la necesidad y el hambre hace milagros, pero desafortunadamente a favor de quienes ejercen el poder.
⚖️ NADIE DEBERÍA SORPRENDERSE
Ante este fenómeno, nadie debería sentirse engañado. Se trata de una regla no escrita que casi todos los actores políticos, en cualquier país y bajo cualquier bandera, terminan por seguir: cuidar el interés personal por encima de cualquier lealtad ideológica. Los partidos dejaron de ser proyectos de convicción para convertirse en vehículos de acceso al presupuesto público, es decir, al dinero que los ciudadanos aportan con sus impuestos.
💡 EL VERDADERO RETO CIUDADANO
El desafío no es escandalizarse por el transfuguismo, sino exigir resultados y rendición de cuentas independientemente del color partidista que un funcionario porte en el momento. La disciplina institucional, la transparencia en el uso del gasto público y la evaluación por desempeño —no por membresía partidista— deberían ser el criterio que la ciudadanía sonorense aplique al calificar a quienes buscan o ejercen un cargo público.







