Ciudad de México.– Tres casos de violencia ocurridos en entornos escolares durante el último año han puesto nuevamente bajo discusión un fenómeno que durante mucho tiempo permaneció prácticamente oculto: la existencia de comunidades digitales que difunden discursos misóginos, glorifican a agresores y, en sus expresiones más radicales, llegan a promover la violencia.
El debate tomó fuerza después del ataque ocurrido en septiembre de 2025 en el CCH Sur de la Ciudad de México, continuó con el asesinato de dos maestras en una preparatoria de Lázaro Cárdenas, Michoacán, en marzo de 2026, y volvió al centro de la atención pública tras el ataque registrado esta semana en una secundaria de Torreón, Coahuila.
Aunque cada caso tiene circunstancias particulares y las investigaciones deben determinar las motivaciones específicas de sus responsables, especialistas y organismos académicos han advertido sobre la necesidad de prestar atención a los contenidos que circulan en determinados espacios digitales.
¿Qué significa “incel”?
El término incel proviene del inglés involuntary celibate, que puede traducirse como “celibato involuntario”. Originalmente se utilizó para describir a personas que experimentaban dificultades para establecer relaciones afectivas o sexuales.
Con el paso del tiempo, algunas comunidades asociadas con esta etiqueta evolucionaron hacia espacios de internet donde se difunden discursos de resentimiento hacia las mujeres, rechazo al feminismo y diferentes formas de misoginia.
La UNAM ha documentado que dentro de la llamada manosfera existen foros que promueven discursos de odio contra las mujeres y que algunos de estos espacios llegan a justificar o promover actos de violencia.
Esto no significa que todas las personas que utilizan la etiqueta incel sean violentas. De hecho, medios como N+ han recogido testimonios que advierten sobre la diferencia entre identificarse con esa comunidad y participar en expresiones violentas o extremistas.
El problema aparece cuando determinados espacios convierten el resentimiento, el odio y la violencia en elementos de identidad y validación colectiva.
CCH Sur: una de las primeras grandes alertas
El 22 de septiembre de 2025, un estudiante de 16 años murió tras ser atacado con un arma blanca dentro del CCH Sur de la UNAM. Un trabajador también resultó lesionado.
El caso puso bajo la lupa las publicaciones y comunidades digitales relacionadas con el presunto agresor, así como su posible vínculo con espacios identificados con la cultura incel.
La reacción dentro de la UNAM incluyó una revisión de los protocolos de seguridad y el fortalecimiento de las estrategias de apoyo psicosocial.
Posteriormente, el CCH Sur implementó diversas medidas de seguridad, entre ellas controles de acceso, cámaras de videovigilancia, detectores de metales, botones de emergencia y otros mecanismos de protección.
Michoacán: mensajes misóginos antes del ataque
En marzo de 2026, un adolescente atacó una preparatoria en Lázaro Cárdenas, Michoacán, donde dos maestras fueron asesinadas.
La Secretaría de Educación Pública confirmó entonces los hechos y llamó a fortalecer las estrategias preventivas y la formación socioemocional dentro de las comunidades escolares.
El caso volvió a llamar la atención sobre las publicaciones que el adolescente habría realizado en redes sociales antes del ataque y sobre contenidos relacionados con la denominada manosfera.
El Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes señaló que la violencia grave dentro de las escuelas no debe analizarse únicamente desde un hecho individual, sino también desde factores de prevención, atención socioemocional y detección de riesgos.
Torreón vuelve a encender las alarmas
El 1 de octubre de 2026, la violencia regresó a una escuela mexicana.
Dos jóvenes de 18 años, exalumnos de la Secundaria número 13 de Torreón, Coahuila, ingresaron al plantel armados con machetes y artefactos que provocaron explosiones.
La agresión dejó sin vida a una subdirectora y provocó heridas a otras personas, entre ellas estudiantes y trabajadores de la escuela. Los dos presuntos responsables fueron detenidos. Las autoridades mantienen abierta la investigación sobre las causas del ataque.
El caso volvió a generar cuestionamientos sobre la influencia de contenidos violentos disponibles en internet y la posibilidad de que determinados jóvenes encuentren en comunidades digitales un espacio para reforzar sentimientos de odio o resentimiento.
El patrón que preocupa
Una de las características que ha llamado la atención de investigadores y especialistas es la utilización de redes sociales antes de algunos ataques.
Publicaciones con fotografías de armas, mensajes amenazantes, referencias a agresores de otros países y contenidos que glorifican episodios de violencia han aparecido alrededor de algunos de estos casos.
De acuerdo con investigaciones periodísticas y académicas, algunos espacios digitales incluso convierten a atacantes anteriores en figuras de admiración o referencia.
El fenómeno también ha llevado a hablar de radicalización digital, un proceso en el que determinadas personas pueden pasar de consumir contenido de resentimiento y odio a relacionarse con comunidades cada vez más extremas.
Eso no significa que consumir un determinado contenido conduzca automáticamente a cometer un acto violento. La violencia tiene múltiples causas y no existe una explicación única para los ataques escolares.
México prepara una respuesta frente al contenido violento
Después del ataque en Torreón, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que el Gobierno de México trabaja en una estrategia para exigir a las plataformas digitales mayor responsabilidad frente a contenidos que promuevan violencia, odio o acoso.
El planteamiento contempla la participación de autoridades de seguridad, especialistas, instituciones académicas y la Agencia de Transformación Digital, con el objetivo de analizar medidas para evitar que este tipo de materiales lleguen y se propaguen entre adolescentes y jóvenes.
La discusión, sin embargo, abre otra pregunta: cómo combatir el contenido que incita a la violencia sin convertir la regulación de internet en una herramienta de censura.
Es un debate que involucra a gobiernos, escuelas, familias, especialistas y a las propias plataformas digitales.
La alerta no está solamente en las escuelas
Los casos recientes han cambiado la conversación.
Ya no se trata únicamente de colocar controles en las entradas de las escuelas, instalar cámaras o aumentar la vigilancia. También existe una preocupación creciente por lo que algunos jóvenes consumen, comparten y encuentran en internet.
La propia UNAM ha planteado que la seguridad debe combinar infraestructura, protocolos, atención psicosocial y comunicación con la comunidad universitaria.
Para especialistas, detectar a tiempo amenazas, discursos de odio, aislamiento extremo, acoso y señales de radicalización puede ser tan importante como reaccionar cuando una situación ya se convirtió en una emergencia.
La pregunta que queda sobre la mesa es incómoda: ¿cuánto de lo que ocurre dentro de una escuela comienza mucho antes, detrás de una pantalla?
Fuentes y contexto
La información disponible muestra que las comunidades incel representan una parte específica de un ecosistema digital más amplio, conocido como manosfera, donde conviven espacios con contenidos muy diferentes.
Por ello, no es correcto equiparar automáticamente a todos los hombres que se identifican como incel con personas violentas. La preocupación se concentra en aquellos espacios donde el resentimiento se transforma en misoginia, glorificación de agresores o llamados explícitos a cometer actos violentos.
Los casos de CCH Sur, Michoacán y Torreón han hecho visible esa discusión en México, pero las investigaciones de cada ataque deberán establecer individualmente sus causas, motivaciones y posibles vínculos.










