HERMOSILLO, SONORA.- Sonora lleva años hablando de nearshoring, energías limpias, electromovilidad y semiconductores como pilares de su transformación económica. Pero mientras Arizona acelera para consolidarse como uno de los grandes polos tecnológicos del mundo, el Gobierno del Estado no ha presentado, al menos públicamente, un plan claro para aprovechar el boom tecnológico que está ocurriendo del otro lado de la frontera.
Desde hace más de 30 años hemos escuchado hablar de la megaregión Sonora-Arizona. Arizona mantiene un crecimiento sostenido y busca competir con Texas y California. En cambio, acá seguimos sin saber aprovechar del todo la bonanza de nuestros vecinos.
¿Estamos aprovechando realmente esa oportunidad?
El pasado 26 de agosto, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, viajó a Tempe para firmar con Michael Crow, presidente de Arizona State University (ASU), un memorándum para fortalecer la cooperación en la industria de semiconductores de Norteamérica.
El acuerdo contempla formación de talento, desarrollo tecnológico, manufactura y cadenas de suministro. Y su relevancia para Sonora resulta evidente: todo esto está sucediendo cruzando la frontera.
Desde 2022, el gobernador Alfonso Durazo participó con ASU en acuerdos para impulsar la integración de México y Sonora al ecosistema de semiconductores. Posteriormente se realizaron programas de capacitación y se habló de desarrollar talento especializado.
Sonora no tiene que tocar la puerta. Ya estaba adentro.
La pregunta es qué hemos hecho para capitalizar esa posición.
El analista de Radio Fórmula Juan Carlos Puebla cuestionó en X la poca atención que recibió en Sonora el nuevo acuerdo entre Ebrard y ASU.
“Me parece grave que no estemos explotando el tema de los semiconductores con Arizona”, escribió.
Puebla destacó que mientras Phoenix busca consolidarse en esta industria apoyándose en ASU, el secretario de Economía mexicano viaja a Arizona y firma un convenio, pero “aquí ningún medio ni autoridad de Sonora se posicionan. Ni siquiera lo visibilizan”.
El cuestionamiento merece atención.
Sonora comparte más de 500 kilómetros de frontera con Arizona y tiene ubicación, cobre, energía solar, infraestructura industrial y universidades. Además, el Plan Sonora pretende insertar al estado en las nuevas cadenas productivas de Norteamérica.
Entonces, ¿dónde está la estrategia para aprovechar el boom tecnológico que ocurre del otro lado?
La oportunidad va mucho más allá de fabricar chips.
Sonora no necesita necesariamente conseguir una gigantesca fábrica de semiconductores. Alrededor de esta industria existe una enorme cadena de proveedores: ensamble, pruebas, empaquetado, componentes, logística, centros de datos, ingeniería, servicios especializados, energía y capacitación.
La pregunta debería ser muy concreta: ¿qué parte de esa cadena podemos traer a Hermosillo, Nogales, Guaymas o San Luis Río Colorado?
Y hay que moverse rápido. Otros estados mexicanos también están buscando participar en esta industria.
Paradójicamente, mientras Ebrard fortalece la integración tecnológica con Arizona, el Gobierno Federal propone nuevas reglas para revisar determinadas inversiones extranjeras por razones de seguridad nacional.
La iniciativa de Claudia Sheinbaum plantea incorporar a Defensa, Marina y Seguridad a la Comisión Nacional de Inversiones Extranjeras y contempla sectores como energía, minería, datos, infraestructura y tecnologías estratégicas.
Precisamente varias de las actividades económicas que pretende desarrollar Sonora.
El reto será que la protección de sectores estratégicos no termine convirtiéndose en otra barrera para atraer el capital que México y Sonora necesitan.
Originalmente, la preocupación podría centrarse en si estas nuevas reglas representan un freno para el Plan Sonora. Pero después de lo ocurrido en Arizona quizá la pregunta deba ser otra.
Desde la Ciudad de México, Ebrard busca fortalecer la cooperación con ASU. Arizona construye aceleradamente un ecosistema de semiconductores. Estados Unidos busca reducir su dependencia de las cadenas asiáticas.
Y Sonora está geográficamente en medio de todo.
Por eso el señalamiento de Juan Carlos Puebla resulta pertinente. Y la responsabilidad no es solamente del Gobierno del Estado. También deberían estar reaccionando empresarios, universidades, organismos empresariales y medios de comunicación.
La conversación debería ser sobre proveedores, ingenieros, parques tecnológicos, incentivos, infraestructura, energía y atracción de empresas.
Sonora tiene una ventaja que difícilmente puede replicar cualquier otro estado mexicano: Arizona está enfrente.
Por eso, quizá el principal freno del Plan Sonora no venga de Washington ni de la Ciudad de México.
¿Y si el verdadero problema es nuestra incapacidad para aprovechar con suficiente velocidad lo que está sucediendo del otro lado de la frontera?
Arizona acelera.
Sonora no puede darse el lujo de quedarse mirando.







