Relanzaron al PAN, pero en el estado se apuntaron los mismos de siempre. El dirigente, Gildardo Real, trae mucha chamba encima: cumplirle a Jorge Romero y a su gente con las nuevas líneas del PAN, y al mismo tiempo ayudarle a Toño Astiazarán a ganar una gubernatura que viene tejiendo alianzas con todos los opositores desde hace más de seis años.
El tablero le cambió al alcalde. Los votos del PRI le ayudaron a ganar la capital, pero con colmillo trasladó parte de su estructura al PAN. Muchos toñistas son producto de la escuela PRI-PAN que ganó Hermosillo en 2021 y repitió en 2024. Ahora la pregunta es obligada: si el PAN lo condiciona a no ir en alianza, ¿van a desbancar a los priistas toñistas?
Difícil escenario para el alcalde —y más para la Lupita Soto que se quedó sin fichas—, a quien hasta Movimiento Ciudadano anda buscando. Y es que no hay otro para la de tres años. Mientras tanto, Morena ya trazó sus dos rutas con claridad: si es mujer, va Lorenia; si es hombre, Lamarque. No hay mucho que moverle. El gobernador, por lo pronto, parece más concentrado en el gabinete federal, o al menos eso se comenta.
Ardua tarea tiene Toño. Cambió el escenario nacional y, en consecuencia, el estatal. Lo que a veces no entendemos los sonorenses es que para los comités ejecutivos nacionales, Sonora representa poco del padrón electoral federal. No es prioridad para ningún partido.
¿Qué pasa cuando las decisiones nacionales afectan los proyectos locales? Gildardo tendrá que cumplirle a dos frentes: a los que mandan desde la CDMX y al proyecto de su figura más competitiva rumbo a 2027.
Tremendo lío el que se armó. Mientras tanto, quienes gobiernan el estado andan sobrados de confianza. Parece misión imposible para Toño, pero en política nada está escrito: el alcalde ya los derrotó dos veces en las urnas, haya sido como haya sido, con ayuda o sin ella del gober.










