Es bien sabido que ya no quieren a Óscar Castro como alcalde de Peñasco. La operación destitución ya arrancó. Dicen que anda en malos pasos y que tampoco anda muy bien de salud. Polémico y bajo la mira de muchos —incluso de sus propios compañeros de la 4T—, lo quieren fuera. Sin visa y aferrado al cargo, ya le avisaron que si no es a la buena, será a la mala. A año y medio de las elecciones, ya hasta amparo tramitó y le otorgaron una suspensión provisional para que la Fiscalía del Estado no lo detenga.
En Hermosillo ya presumen la inauguración del paso a desnivel y el alcalde, Toño Astiazarán, agarró vuelo para anunciar con bombo y platillo que ahora sí va a bachear y mejorar las calles de la capital. La vialidad trae vueltos locos a los hermosillenses: se quejan del tráfico y de la saturación de las vías alternas. A ver si la obra del alcalde aliviana el caos y mejora la movilidad, que cada vez se consolida como uno de los principales dolores de cabeza del municipio.
Eso sí, en el Congreso del Estado no quieren concederle ni una al Toño. Le tumbaron su plan de control vial al declarar ilegales las fotomultas; alegan que el esquema se enfoca más en recaudar que en garantizar seguridad vial. Los de Morena, que controlan el estado, andan nerviosos con el alcalde opositor que ya les amaga con competirles por la gubernatura en tres años. Aunque otros dicen que la tirada real es la de seis, rumbo al 2030: primero sembrar en 2027 para luego ir por la gubernatura buena.
En Nogales anda muy aplicado el alcalde Lamarque. Fue el invitado especial en la reunión de morenistas de ese municipio. Oficialmente reafirmaron su compromiso de gobernar bien desde lo local —ese fue el pretexto—, pero ya se ve que el de Obregón anda encampañado, haciendo alianzas con sus iguales de otros municipios.
Y los morenistas andan felices porque el Plan Justicia ya arrancó. A ver si ahora sí los aceptan los mineros de Cananea y, en una de esas, los del Río Sonora hasta perdonan a Grupo México, que se sumó al plan con un paquete de obras magnas que —en teoría— beneficiarían a los afectados por aquellos inhumanos episodios del sexenio pasado.










