EUROPA.- La inteligencia artificial podría convertirse en un impulso para la productividad europea durante los próximos años, pero el beneficio no necesariamente llegaría de la misma manera a todos.
Un análisis del Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la adopción de IA podría elevar la productividad de Europa alrededor de 1.1% acumulado durante cinco años en su escenario de referencia. Sin embargo, el organismo advierte que existen diferencias importantes entre países y que la tecnología podría ampliar algunas brechas económicas y laborales.
La estimación corresponde a un estudio que analiza 31 países europeos y distintos escenarios de adopción de inteligencia artificial.
No todos los países ganarían lo mismo
El impacto de la IA no sería uniforme.
De acuerdo con el estudio del FMI, los países con mayores niveles de ingreso podrían registrar ganancias de productividad más elevadas, entre otros factores porque cuentan con una mayor presencia de servicios y actividades laborales con mayor exposición a esta tecnología.
Las estimaciones muestran diferencias considerables entre economías. En el escenario analizado por el organismo, los incrementos de productividad pueden variar aproximadamente desde 0.5% en Rumania hasta cerca de 1% en Luxemburgo, aunque los resultados dependen de los supuestos utilizados.
Esto significa que la llegada de la inteligencia artificial podría reforzar algunas diferencias que ya existen dentro de Europa si los países no avanzan al mismo ritmo en adopción tecnológica, capacitación e infraestructura.
¿Qué puede pasar con los trabajadores?
La transformación no se limita a las empresas.
El avance de la inteligencia artificial también está modificando las habilidades que se requieren en distintos empleos. El propio FMI ha señalado que la demanda de nuevas competencias digitales está creciendo y que los países necesitan preparar a sus trabajadores para aprovechar las oportunidades que genera esta tecnología.
La diferencia entre quienes cuentan con las habilidades necesarias para utilizar herramientas de IA y quienes tienen menor acceso a capacitación podría convertirse en uno de los factores que determinen cómo se distribuyen sus beneficios.
Por ello, el impacto económico de la inteligencia artificial no dependerá únicamente de cuántas empresas incorporen estas herramientas, sino también de la capacidad de los trabajadores para adaptarse a los cambios.
La regulación también puede cambiar el resultado
El FMI analizó además cómo determinadas regulaciones podrían afectar la adopción de inteligencia artificial.
En sus escenarios, las normas relacionadas con requisitos profesionales, privacidad de datos, seguridad de la IA y el marco regulatorio europeo podrían reducir los beneficios estimados si disminuyen de manera importante la exposición de determinadas tareas, ocupaciones y sectores a esta tecnología.
El organismo no plantea que la regulación sea necesariamente negativa, sino que señala que su diseño puede influir en la velocidad y alcance con que la IA se incorpora a la economía.
Europa enfrenta una carrera tecnológica
El debate llega en un momento en que Europa busca reducir su distancia frente a Estados Unidos y otras economías en materia de tecnología e inteligencia artificial.
El FMI ha señalado que la fragmentación de los mercados europeos puede dificultar que las empresas innovadoras crezcan con mayor rapidez, mientras que una mayor integración de los mercados de capital, trabajo y consumidores podría facilitar la expansión de compañías tecnológicas.
A esto se suma la necesidad de contar con infraestructura digital, energía, centros de datos y trabajadores capacitados para sostener el crecimiento de la IA.
La IA puede impulsar la economía, pero el reparto será otro desafío
El panorama que plantea el FMI tiene dos caras.
Por un lado, la inteligencia artificial puede aumentar la productividad y permitir que empresas y trabajadores realicen determinadas tareas con mayor eficiencia.
Por otro, la velocidad con la que cada país adopte la tecnología y prepare a su fuerza laboral puede determinar quién obtiene mayores beneficios.
La estimación del 1.1% de aumento acumulado de productividad en cinco años debe entenderse como un escenario económico sujeto a supuestos y no como una predicción garantizada. El propio estudio del FMI advierte que los resultados cambian considerablemente dependiendo de los niveles de adopción, exposición laboral y regulación.
El reto para Europa, por tanto, no será solamente desarrollar o utilizar inteligencia artificial, sino conseguir que los beneficios de esta transformación tecnológica no queden concentrados en determinadas economías, sectores o grupos de trabajadores.







